Ante la necesidad de dimensionar la riqueza de la producción artística en un periodo que hasta ahora no había sido ampliamente investigado, los Museos del BCCR abren al público la exhibición Artes visuales en los setenta.

Como resultado de la investigación realizada por la curaduría de artes visuales de los Museos, la muestra da cuenta de las diversas preocupaciones a las que respondieron los artistas plásticos durante este tiempo y reconoce esta década como una de las más ricas y complejas de las artes visuales en Costa Rica.

En un contexto que se caracterizó por la tensión política, la agitación social, las redes de intercambio intelectual y el perfilamiento de una plataforma institucional cultural inédita; se configuró un campo artístico heterogéneo y polifacético.

De su investigación, se concluyen rasgos que particularizaron la década como la convivencia de hasta seis generaciones distintas de artistas, la coexistencia de tres grandes posturas estéticas contrastantes, la influencia de centros de enseñanza artística y entidades estatales de la época, el acento en lo técnico y la exploración de recursos, medios y lenguajes nuevos como las artes gráficas, la instalación, el performance, el arte objetual y el videoarte.

 El debate entre tres narrativas

A través del contexto, de las obras y de las voces de quienes protagonizaron los setenta, la investigación define tres grandes bloques que conforman el recorrido por la muestra.  

El primero de ellos, abarca obras de quienes abanderaron la idea de que el arte debía tener un valor “universal”, con independencia de ser un medio para la denuncia de cualquier situación política o social. Aquí se reúnen obras de quienes también se avocaron a crear mundos poéticos, fantásticos o mágicos.

La segunda sección de la sala, agrupa obras que, -por su interés en el paisaje local y en la historia común relativa a lo ancestral y a la vida campesina-, fueron utilizadas políticamente para constatar y resaltar la excepcionalidad del ser costarricense. Esto fue potenciado por el otorgamiento de reconocimientos (premiaciones y certámenes) a artistas con orientación paisajística, así como por el origen de publicaciones que pretendían demostrar la existencia de una tradición artística propia.

La exhibición concluye con obras de quienes entendieron su práctica artística como un ejercicio político. Esta postura defendió la idea del arte como testimonio de una época y como agente de transformación social. A esto se suma la exploración de nuevos lenguajes, medios o recursos. Obras de artistas como Ottón Solís (1946), Otto Apuy (1949), Mario Parra (1950), Roberto Cabrera (1939-2014) o Victoria Cabezas (1950) son ejemplos claros de esto en el recorrido.